Los presupuestos desorbitados se ven afectados debido a la crisis que azota todo el país.

Parecía que no iba a llegar nunca el período de recesión tan temido, y menos al mundo de la fiesta fallera. Ese momento ha llegado y las comisiones punteras pertenecientes a la Sección Especial comienzan a dar la voz de alarma, quizás intentando tapar lo que se venia viendo desde hace mucho tiempo: los altos presupuestos, inalcanzables en muchas ocasiones para la mayoría de asociaciones. La paradoja resulta cuanto menos extraña y es que en época de bonanza nadie se queja.

Problemas tuvo la Plaza de la Merced en años anteriores, que ya avisó de lo podría ir ocurriendo posteriormente, y poco a poco supo resurgir de la nada. Ahora le toca el turno a otras comisiones que no han dudado en buscar soluciones excepcionales, teniendo como principal destinatario al fallero de a pie, que cada vez ve como sus obligaciones monetarias son mayores, y ojo, para ellos también hay crisis. Pero no sólo la crisis ataca a las fallas con mayor presupuesto, existe un grupo extenso de comisiones donde la imaginación y las ganas de trabajar se van agotando. “estamos sobreviviendo como podemos. Se trata de una subsistencia total” nos comenta un presidente de una conocida comisión del centro de la capital con graves problemas para poder seguir como asociación.

A nadie escapa que los principales ingresos con los que las comisiones han hecho alarde y ostentación de grandes monumentos, fiestas, fastos y demás, son los patrocinadores, de los que se han obtenido importantes beneficios, y que por falta de gestión o simplemente ganas de figurar y estar en el candelero, han sido dilapidados. Corren malos tiempos para la economía y las empresas menguan en personal, los ingresos van disminuyendo y por supuestos la apuesta publicitaria que en su día eran las fallas también va a menos, no porque no sean un prefecto escaparate, simplemente porque hay crisis. También habría que preguntarse si ha habido una sobre explotación de los recursos económicos que estas empresas aportaban, y la gallina de los huevos de oro se ha agotado.

Se trata de la pescadilla que se muerde la cola, puesto que a día de hoy, existen muchas comisiones que se las ven y se las desean para poder hacer frente a los pagos, sobre todo a los artistas falleros. Posiblemente este estado de inseguridad, provoque una disminución no de calidad, pero sí en los volúmenes y en la monumentalidad de los cadafalcos que los profesionales de las fallas están realizando en sus talleres.

Ha llegado el momento de plantear soluciones, y una de las que más va tomando forma es la de crear un tope en los presupuestos, una medida que llega un poco tarde ya que la medida sale a la luz cuando se le ven las orejas al lobo. Mientras hubo dinero, no se ha dudado en ir con todo y querer emular a Armiñana y su proyecto en Nou Campanar, una gran equivocación. Armiñana sólo hay uno. De todas maneras aunque la alarma económica ha saltado, las fallas no desaparecerán, puesto que al fallero y al valenciano le quedan dos elementos muy importantes por encima de todos: ingenio y gracia.

Juanfran Barberá