Como una sucesión de imágenes para el recuerdo, se fueron sucediendo los acontecimientos, sentimientos y emociones, que fueron las que se vivieron durante la noche del pasado sábado, víspera del día grande de nuestra Patrona, Mare dels Desamparats.

Los truenos y relámpagos, no amilanaban a las personas congregadas en las puertas de la Basílica, en menor número que en años anteriores, sin duda motivado por el tiempo. Y es que a pesar de que parecía que el tiempo había hecho una pequeña concesión a los actos que se iban a realizar durante la madrugada, alrededor de las 03:30h descargó su furia sobre los fieles y devotos, que abarrotaban las dos puertas de la Basílica para acceder a ver la “Descoberta”. Paraguas, chubasqueros y cualquier prenda era suficiente para resguardarse de la lluvia que no impidió que poesías, albaes, rimas y vítores se ofreciesen incluso antes de abrir las puertas de la Basílica. Y así sucedió desde que, entorno a las tres menos cuarto, finalizase la actuación del grupo de cant d´estil que había amenizado la noche.

Mientras tanto, las brigadas del Ayuntamiento de Valencia bajo las órdenes del incombustible Vicente Gimeno se ponían manos a la obra para montar el escenario sobre el que se pondría el Altar para celebrar la Misa de Infantes. Parecía que todo estaba a punto y que la noche transcurriría sin ningún contratiempo. Gentes de Moncada, de Bétera, Foyos o el nutrido grupo de Eixidors de la Mare de Déu iban llegando poco a poco a la plaza de la Virgen donde el comentario más extendido era el miedo a la suspensión de los actos que se realizan en el exterior. Precisamente este último grupo, fácilmente distinguible por sus camisetas naranjas con la imagen de la Virgen en el pecho, celebraron una cena previa a la Descoberta donde el gran poeta Josep Vicent Sabater deleitó a los presentes con sus famosas poesías dedicadas a la Virgen mientras los vítores salían de las gargantas de los Eixidors creando un clímax en torno al amor por la madre.

Muchos son los fundamentos que invitan a los peregrinajes hacía la Basílca para ver a la Mare de Déu. Vicent Bailén –de Bétera- nos comenta que “hemos salido a las once y estamos aquí para ver la Descoberta porque es una promesa que venimos realizando mi mujer y yo desde hace varios años” o Enrique LLop de Castellar indica que “venimos porque es una tradiciñon en mi familia, ver a la Mare de déu no tiene palabras, es única” y así podríamos enumerar un sinfín de testimonios donde promesas por enfermedades curadas, nacimientos de hijos o simplemente la buena salud año tras año, son motivos más que suficientes para una vez al año hacer un pequeño sacrificio y visitar a la patrona en el día de su festividad.

Se abrieron las puertas de la Basílica a las cuatro, puntual, y la masa enfervorecida se hizo dueña del recinto y al son de Valencians, tots a una veu:Visca la Mare de déu! Comenzaron un sinfín de poesias, de piropos y de exaltación del orgullo valenciano. La Patrona, la lengua valenciana, San Vicente Ferrer y la misa de Descubierta fueron algunos de los temas elegidos por los noveles rapsodas que pusieron todo su empeño en engrandecer aún más si cabe la figura excelsa de la Patrona y hacer la espera más amena. Lágrimas se podían ver en los rostros de los presentes, emocionados, que abarrotaban la Basílica. Y entre sollozos se podía escuchar Açò es molt fort!!!. Allí Vicente Danvila, Laura Albiach o María José Gimeno supieron con sus palabras enaltecer a los presentes que no dudaban en ofrecerles la mejor de las ovaciones al finalizar los recitados. Y como colofón y antes de que la Madre se descubriera ante su pueblo, que por unos momentos tomó su Casa, la interpretación del Himne de la Coronación hizo que todos unidos y abrazados por las espaldas alzaran sus voces al cielo donde a buen seguro la patrona les escuchaba. Tras la misa de Descubir oficiada por Vicente Juan, Obispo de Ibiza- llegó la peregrinación más numerosa. Cientos de Paterneros, bajo la organización de la Hermandad de los Amigos del Camino de la Virgen de los Desamparados, con su vara en la mano con el escudo de su Pueblo culminándola, hicieron la entrada en la plaza de la Virgen entre los aplausos de los que ya buscaban su lugar para la Misa de Infantes. Al entrar en la casa de la Mare, nuevamente los vítores y las exaltaciones de fervor se apoderaban de los peregrinos que ofrecieron a la Virgen una poesía que se encargó de recitar la conocida poetisa de la localidad de l´horta, Carmen Pla Cremades.

Emoción, fervor y devoción unidos, una mezcla especial de sentimientos hacia una Madre que no distingue entre sus hijos y que a buen seguro sabrá valorar el esfuerzo de sus hijos Valencianos, pese a las inclemencias climatológicas que este año han menguado la participación sin duda alguna. Una noche inigualable.